La Pinocha

La Pinocha. Breathe in, breathe out. The body of a woman, stripped and reduced to the productive act throughout its entire spectrum, is transformed by its contact with nature, through a series of movement choreographies which range from the mechanic to the organic, not to mention the grotesque, all based on the idea of waste.

La Pinocha

Pinocha. The needle or a branch of a pine tree
Waste. What remains after something decomposes or is destroyed.

Second part of a performing art show from a series of performaces in constant development.

Pinocha. Hoja o rama del pino
Residuo. Aquello que resulta de la descomposición o destrucción de algo.

Segunda parte de una serie de piezas escénicas compuestas y en constante desarrollo

performing art show
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About

La Pinocha (The Pine Needle) is the second part of a group of scenic pieces based on a research work focused on the body and movement which started with “uNpACKAGING”, a piece featuring plastic waste materials that came into existence following the experience lived in a scenic research workshop led by Esther Blázquez and David Pérez, during the 2nd Performative Encounter in Tenerife.

In this second piece, the performer once again exposes her body to waste, albeit of organic origin on this occasion, such as the needles and branches of the Canary Island pine tree. Using the exhibition of her own body as a political instrument, emptied in its context and manipulated in its day-to-day life, the artist proposes a filling process, both physical and metaphorical, in which the audience will take part.

In an act of eco-feminist expression and with the help of the audience, the performer will create an action that takes place from somewhere that has been seized and transmuted into worthy consumerism, through which she is only allowed to reconnect with her own self through the pseudo-liberation that is provided by meditation exercises that are prefabricated by the very society that is consuming her.

A piece comprising six scenes whose physical choreographies will bring us close to and yet at the same time, distance us from the relationship between the figure of a productive woman in social and economic terms as a human resource, and the pine needle as a productive forest resource, used nowadays for cattle and to prevent fires.

The body of the performer (that of a woman), is an oppressed body.

She: a good citizen;
she: a perfect and caring mother;
she: a repository for other people’s pleasure;
she: a disposable consumer product.
Everything that is natural is consumed and, therefore, she is consumed.

In her need to belong, the more she consumes, the more she is consumed. The natural and the vernacular spheres embrace her, building a natural setting that surrounds her, covers her and reconnects her.

Because what is natural is blood, it’s earth, it’s skin, it’s a woman.

At this point the virgin, the mother, the witch, the whore: the object make their entrance. In the form of a fetish; the unconditional carer; works of the devil; lipstick: the colour red.

The only moment of introspection that the consumer society offers her is when she puts on her lipstick, a tool that becomes here a spear, a flag, and a guideline for her daily life.

Pine is subjected and directed by the consumer industry. She consumes. She is consumed. Pine is being intervened, as are natural resources, to satisfy the desires of third parties.

Mechanical, repetitive, compulsive and distorting movements. The performative dance is put forward in this piece as convulsive, residual, and disposable, as is the very body that activates it, which no longer knows if its driving force is natural or artificial, self-directed or the result of an overall neurosis. Manipulated by the audience, the performative body will be transmuted into a bizarre mass expressed as a rag doll of erratic and anti- aesthetic gestures. What once were measured, closed movements, choreographed to perfection, now turn into something clumsy and spasmodic.

La Pinocha poses, by way of a shamanic ritual, the re-appropriation of the body and its care from an eco-feminist perspective, loaded with humorous gestures that shatter the ice of the scene.

Everything is residual in this piece, the body is residual; movement is a disposable product; the stage is built with the remains of what is left over.

The feminine body as a productive base and a productive machine. Tasks accumulate, the clock is ticking, but she can cope with everything. Breathe in, breathe out, you’re the best, you can cope with everything.

Work, be a perfect sexual object, take care of the house, the children... A woman presented as another resource to be exploited, of which only the waste remains. Her rhythms are no longer hers; her cycles are no longer menstrual. The colour red only exists in the external expression of her appearance, an appearance that no longer belongs to her.

Sobre el proyecto

La Pinocha es la segunda parte de una conjunto de piezas escénicas basadas en un trabajo de investigación con el cuerpo y el movimiento que comenzó con la pieza “uNpACKAGING”, la cual incorporaba materiales de desecho plástico y que surgió tras la experiencia vivida en el taller de investigación escénica de Esther Blázquez y David Pérez dentro de los II Encuentros de Performatividad de Tenerife.

En esta segunda entrega la performer vuelve a exponer su cuerpo al llenado de residuos, en este caso de origen orgánico, como son las ramas y hojas del pino canario. Con la exhibición de su cuerpo como instrumento político, vaciado en su contexto y manipulado en su día a día, se plantea un proceso de llenado tanto físico como metafórico del que participará el público asistente.

En un acto de expresión ecofeminista, la performer trabajará con la ayuda del público en una acción que se desarrolla desde un lugar arrebatado y transmutado en consumo de pro, a través del cual sólo se le permite reconectar consigo misma mediante la pseudo liberación que le ofrecen los ejercicios de meditación prefabricados por la misma sociedad que la consume.

Una pieza que consta de seis escenas en las cuales las coreografías de movimiento nos acercarán, y alejarán a la vez, a la relación entre
la figura de la mujer productiva en términos sociales y económicos como recurso humano

y la pinocha como recurso forestal productivo usado hoy en día para el ganado y prevenir la propagación de incendios.

El cuerpo de la performer (cuerpo de mujer), es cuerpo oprimido.

Ella: buena ciudadana; ella: perfecta madre y cuidadora; ella: repositorio de placer ajeno;
ella: material de consumo desechable.
Lo natural es consumido y, por tanto, ella es consumida.

En su afán de pertenencia, cuanto más consume más se consume. El ámbito natural y lo vernáculo la acogen construyendo a su alrededor toda una escenografía natural que la arropa y la reconecta.
Porque lo natural es sangre, es tierra, es piel, es mujer.

Y aparecen aquí la virgen, la madre, la bruja, la puta: el objeto.
En forma de fetiche; cuidadora incondicional; lo endemoniado; el pintalabios: lo rojo.

El único momento de introspección que le ofrece la sociedad de consumo es cuando se pinta los labios, cuya herramienta se convierte aquí en lanza, bandera y guía de su devenir cotidiano.

Pino está sometida y dirigida por la industria del consumo. Consume. La consumen. Pino está siendo intervenida, igual que los recursos naturales, para satisfacer los deseos de terceros.

El movimiento de la performance viene definido por el residuo en el que se ha convertido, en contraposición con los movimientos que la naturalizan. Ambas expresiones corporales luchan y se contradicen en una danza de la muerte anunciada y grotesca que se perfila en un canto de pelos y pinocha, de residuo neoliberal de un producto ya ajeno y autocastrado.

Movimientos mecánicos, repetitivos, compulsivos, distorsionadores. La danza performática se plantea en esta pieza como convulsa, residual y desechable, como el propio cuerpo que lo acciona, el cual ya no sabe si su motor es natural o artificial, autodirigido o debido el resultado de una neurosis generalizada. El cuerpo performático manipulado por los asistentes a la pieza se transmutará en una mole bizarra que se expresará como una muñeca de trapo de gestos erráticos y antiestéticos. Donde aquello que eran movimientos pautados, cerrados y coreografiados a la perfección, empiezan a ser torpes y espasmódicos.

La Pinocha plantea, como si de un ritual chamánico se tratase, la reapropiación del cuerpo y sus cuidados desde una perspectiva ecofeminista cargado de guiños de humor que rompen el hielo de la escena.

En esta pieza todo es residual, el cuerpo es residual; el movimiento es un producto de deshecho; la escenografía se conforma con los restos de lo que sobra.

Agradecimientos especiales para el desarrollo de esta pieza:

Fidel Darias, Rocío Eslava, Luccilla Bellini y Maribel Expósito