Llevo más de una década retratando la cara b del Carnaval de Tenerife. Lo que muchos prefieren no ver: la cara oculta del Carnaval de Tenerife. A través de mi lente y una lectura artística, he capturado año tras año la cruda realidad que queda tras la fiesta: un mar de basura que inunda nuestras calles.
Desde que comencé este proyecto en 2015, he sido testigo de cómo más de 4 millones de kilos de residuos han manchado el alma de Santa Cruz. Cada año, la cifra se mantiene obstinadamente cerca de los 400.000 kilos. Es desgarrador ver cómo, a pesar de los años transcurridos, seguimos enterrando nuestro futuro bajo montañas de desechos.
Mis fotografías gritan lo que las palabras no pueden expresar. Muestran calles ahogadas en residuos, la herencia tóxica de nuestra celebración más emblemática. Estas imágenes no son solo arte; son un llamado desesperado a la acción, un espejo que refleja nuestra complicidad en esta crisis ambiental.
El Carnaval, que otorga una expresión genuina de nuestra cultura, se ha convertido en un monstruo consumista. Hemos sacrificado nuestra identidad y nuestro entorno en el altar del turismo y el beneficio económico a corto plazo. Cada lata, cada vaso de plástico, cada disfraz desechable, es un clavo más en el ataúd de nuestro frágil ecosistema isleño.
Después de diez años, la frustración me consume. Las políticas ambientales han demostrado ser insuficientes, las campañas de concienciación parecen caer en oídos sordos. Necesitamos acciones drásticas y urgentes: aumentar radicalmente el precio de los productos contaminantes, implementar sistemas de devolución y reciclaje efectivos, crear espacios comunitarios para la reparación y reutilización de objetos. Así como fomentar la participación y soberanía de la ciudadanía a la hora de abordar soluciones para las idiosincrasias ecosociales a nivel local.
Pero más allá de medidas prácticas, necesitamos un cambio profundo en nuestra mentalidad. Debemos cuestionar este modelo de consumo desenfrenado, reevaluar nuestras prioridades como sociedad. La educación ambiental no puede ser superficial; debe arraigarse en una reflexión filosófica sobre nuestro lugar en el mundo y nuestra responsabilidad hacia él.
Mi trabajo no busca demonizar el Carnaval, sino utilizarlo como un poderoso catalizador para el cambio. Cada imagen que capturo es una oportunidad para el diálogo, para la introspección colectiva. Sueño con el día en que mis fotografías se vuelvan obsoletas, en que la alegría del Carnaval no venga acompañada de destrucción ambiental.
Después de una década documentando esta realidad, mi mensaje es claro: no podemos seguir posponiendo la acción. El tiempo se agota, al igual que el espacio en nuestras islas para enterrar nuestra indiferencia. El verdadero espíritu del Carnaval debe ser de renovación y renacimiento. Hagamos que sea también un renacimiento de nuestra conciencia ecológica, un carnaval de sostenibilidad y respeto por todas las formas de vida.
Aquí te presento las imágenes que he tomado este año 2025 durante el Carnaval de la calle, donde a pesar de la lluvia, el rastro de la basura sigue siendo el protagonista.












Puedes ver toda esta década de imágenes AQUÍ
También te invito a echarte una vuelta por el blog donde cada año traigo mis reflexiones sobre esta problemática y donde sueño con un día donde no sean necesarias estas imágenes y podamos encarar nuestras propias basuras AQUÍ
Aquí te dejo también un análisis de los datos reales de la evolución de los residuos del Carnaval de Santa Cruz de Tenerife solicitados por la Asociación por la Transparencia en Canarias AxTeC y facilitados por el Ayuntamiento de Santa Cruz de Tenerife en 2024.